Vera
La cabaña estaba sola entre los árboles, rodeada de nieve. Ni otras casas. Ni coches. Solo el silencio y el frío. El tío Ryan aparcó y entramos. El fuego ya estaba encendido. Cerró la puerta con llave y me miró.
—Quítate todo —dijo—. Ahora estamos solos. Nadie puede oírte. Nadie puede entrar.
Me quité la ropa despacio. El aire de dentro estaba caliente, pero aun así me estremecí. Me tomó de la mano y me llevó hasta la ventana grande. El cristal estaba cubierto de escarcha. Me pegó los pech