Italia.-
Como cada noche los gemidos de mi marido y los míos se escuchan por toda nuestra habitación, Leandro ha resultado ser la mejor inversión que he hecho hasta ahora.
— Amore mío –Susurra en mi oído mientras sigo sentada a horcadas sobre él buscando recuperar el aliento.
— ¿En verdad me amas? ¿O solo no quieres que te mate? –Pregunto robándole un beso desesperado.
— ¿Por qué crees que no puedo amarte? Me perdonaste la vida eso es suficiente para tenerme rendido a tus pies –Responde acarici