El idilio italiano duró exactamente lo que tardaron en salir de las oficinas de alquiler de coches del aeropuerto de Florencia. El plan original, meticulosamente registrado en la tableta de Caleb, dictaba que recorrerían las idílicas colinas de la Toscana a bordo de un sedán compacto, con el aire acondicionado a veintidós grados y una lista de reproducción moderada.
La realidad, sin embargo, tenía forma de un Fiat Panda de los años noventa, color verde oliva descolorido, que el empleado de la a