El "enlace cuántico" de Julián y Vanessa concluyó tras tres horas de discursos astrales, humo de salvia purificadora y un sol implacable que caía en vertical sobre los jardines de Il Vigneto del Silenzio. Para cuando los invitados fueron liberados para dirigirse a la zona del banquete exterior, el panorama estético era desolador: el lino blanco de los asistentes estaba empapado en sudor terrenal y la mitad de los cuarzos decorativos amenazaban con actuar como lupas incendiaras sobre el césped.