NARRADO POR BIANCA SERNA:
El rechinar oxidado del portón de hierro forjado resonó en el callejón adoquinado del sector norte de la ciudad extrajera, marcando la frontera entre el revuelo de las calles y el rincón bohemio que operaría como mi cuartel técnico de costura.
Me planté en la mitad de la gigantesca estancia de techos altos y vigas descubiertas, forzando a mi cuerpo a mantener la rigidez de mi sastre de alta costura, mientras las operarias extranjeras contratadas a distancia, comenzaba