NARRADO POR BIANCA SERNA:
El rumor sordo de la avenida me obligó a apresurar el paso sobre las baldosas agrietadas del distrito norte. Sentía una opresión extraña en el centro del pecho, un eco persistente del desvelo que arrastraba desde que las noticias sobre la caída de Cristhian inundaron los portales de internet.
Aunque los talleres de costura habían recuperado su ritmo habitual, el ambiente en mi despacho se había vuelto asfixiante, saturado por el sonido incesante de los teléfonos y las