El Compañero del Oso
El Compañero del Oso
Por: Cam Jaxx
Capítulo 1

Chase Jenkins se estaba preparando para iniciar su primer turno cuando escuchó una conmoción afuera del cuarto de baño. Acomodó sus cosas dentro de su bolso, todavía escuchando las voces provenientes del pasillo elevarse a cada segundo. Suspiró con cansancio sabiendo bien que no era la primera vez que los pacientes perdían la paciencia y atacaban al personal. Dios sabía que él mismo se había ganado empujones, insultos, e incluso golpes por parte de las personas que no entendían que no podían solo conseguir la atención cuando ellos lo quisieran.

Trabajaba en una clínica pequeña en una comunidad a las afueras de la ciudad. Perfectamente lejos del ajetreo de las calles repletas de gente, el ruido constante de los autos y el aire contaminado. Y de su familia.

Chase no los odiaba, ellos solo se metían en su vida e intentaban tomar decisiones por él, algo que hacía que su paciencia se volviera inexistente. Solo el hecho de decir que estudiaría enfermería en la universidad había ocasionado discusiones de las ninguno de ellos había disculpado hasta la fecha. Su madre y su padre, ambos, esperaban que fuera un ingeniero. Algo que Chase no planeó ni planeaba hacer en su vida.

Sus hermanos gemelos, mayores que él, se habían graduado en ingeniería de sistemas. Chase estaba feliz por ellos, pero no era su destino. En cambio, servir en un hospital le hacía sentir bien, con vida y lleno. Los turnos eran un asunto aparte, pero era un trabajo que le hacía sentir en paz.

Revisó su cabello en el espejo una vez más y su uniforme, luego tomó su bolso y lo llevó a su locker. Guardó la pequeña llave dentro del bolsillo de su camisa blanca y se preparó para salir.

En cuanto puso un pie afuera de la habitación, el caos lo golpeó. Había hombres, m****a, hombres grandes. Y ellos se cernían sobre un par de enfermeros y el doctor de turno. Una mirada más profunda lo hizo reconocer algunos de los rostros de los hombres.

"¿Qué está pasando?" le preguntó a Anne, su compañera, quien estaba parada a su lado sosteniendo una cartilla apretadamente.

Ella tragó pesadamente sin quitar la vista de los hombres. "Exigen que se atienda a su amigo," ella dijo y señaló a un hombre acostado en las bancas, luciendo completamente inconsciente. "No hay camillas disponibles. El doctor Peterson no puede trabajar en la sala de operaciones porque el doctor Jones está ahí."

M****a.

Chase intentó acercarse al hombre inconsciente para revisar su condición, cuando una montaña de músculos se paró frente a él, luciendo enojado como el infierno. Se detuvo de inmediato y levantó las manos en señal de rendición. Su cabeza giró hacia el doctor que seguía discutiendo.

"No podemos hacer nada," repitió, su rostro rojo como un tomate.

El hombre de cabello recogido se inclinó sobre el doctor haciéndolo ver minúsculo con su altura. "Tiene una bala en el brazo," señaló al hombre dormido. Sus ojos se entrecerraron con ira.

"Hay una clínica a unos kilómetros. Es lo más que puedo hacer por ustedes, caballeros." Chase vio al doctor darse la vuelta, acomodarse la corbata y secarse el sudor de la cara. Los enfermeros se fueron detrás de él, casi corriendo.

Anne a su lado, murmuró algo y se metió al cuarto de baño.

El hombre del cabello recogido gruñó con fuerza y golpeó la pared a su lado. Chase se contuvo de gritar y se mantuvo en la misma posición, con el hombre enorme tapándole el camino. Tragó con fuerza y levantó la mirada hasta que estaba viéndolo a los ojos.

"Puedo ayudar," murmuró sintiéndose del tamaño de un ratón.

"¿Puedes?" el hombre le preguntó relajando su postura. Cuando asintió el hombre se giró hacia el del cabello atado. "Ryder, él dice que puede ayudar."

Los ojos verdes de Ryder se clavaron en él. Chase no podía dejar de mirar la grieta que había hecho en la pared con su puño. Ryder se acercó a él con una seria expresión, sus manos apretadas en puño le hicieron retroceder un par de pasos.

"¿Dónde?" preguntó, bajo y profundo, un aire peligroso rodeándolo.

Chase miró por el pasillo, sintiéndose un poco culpable. "Mi casa," respondió, mirando con cautela los ojos verdes. Su corazón latió con fuerza cuando Ryder asintió y se cruzó de brazos. "Tengo que buscar mis cosas."

Se giró hacia el cuarto de baño, buscando la llave en su bolsillo con sus manos casi temblorosas. Anne estaba detrás de él acomodándose el cabello frente al espejo.

"Te amonestarán por eso, Chase," ella le dijo.

Lo sabía perfectamente y lo sentía por abandonar su turno en manos de sus compañeros. Pero no podía dejar que el hombre solo se desangrara y muriera cuando él podía ayudarle. Sacó su bolso y se despidió de Anne con una corta sonrisa de disculpa. Esperaba que ella entendiera.

Ryder seguía en el mismo lugar, con los brazos cruzados y una cara que decía que no estaba jugando. Los dos sujetos que lo acompañaban estaban cargando al hombre herido entre ellos. Se limpió la garganta y enfrentó a Ryder cuando el hombre se paró a su lado.

"¿Tienes auto?"

Negó. "No."

"Entonces irás con nosotros y me darás las instrucciones."

Casi tuvo que correr detrás de ellos mientras salían. Las personas los miraban con miedo y curiosidad y no los podía culpar. Los hombres intimidaban con su tamaño y sus chaquetas negras de cuero. Las veces que los veía por la comunidad, él tendía a pasar desapercibido lo más posible y así mismo los residentes. El grupo tenía mala reputación; se decía que estaban en negocios sucios y era así como tenían dinero y propiedades. Muchas cosas se cuchicheaban sobre ellos: asesinos, pandilleros. El punto era lo suficientemente claro:

No tenías que meterte con el grupo.

Aunque ellos eran calientes.

Chase se sonrojó con el pensamiento mientras era empujado en la tercera línea de asientos de la enorme camioneta. Nunca había tenido tantas erecciones en toda su vida hasta que se mudó al pueblo. Pero cada vez que los veía, ellos estaban usando esas chaquetas y pantalones vaqueros ajustados a sus fuertes muslos. Eran guapos. Dios, Chase no podía pensar en uno de ellos que no lo fuera.

Pero aunque le atraían, no se había acercado un paso cerca de ellos.

Siempre lo intimidaban hasta el núcleo al punto de querer desaparecer dentro de un agujero en la tierra. Al hombre inconsciente también lo había visto alrededor, no había prestado realmente atención a él porque la mayoría del tiempo, Chase corría hasta la clínica para llegar a tiempo a su turno.

Su garganta se apretó al ver las expresiones preocupadas de los hombros mientras sostenían a su amigo. La pregunta de cómo llegó esa bala al brazo del hombre, era un misterio y probablemente lo sería toda la vida, dado que no esperaba que estos sujetos le dijeran una palabra.

En menos de diez minutos estuvieron fuera de su casa. Chase caminaba de ella al trabajo, o corría.

Ryder levantó la mano hacia ellos, luego inspeccionó el lugar cuando bajó primero que los demás y asintió a ellos, como un escolta. Chase saltó del auto hasta tocar la gravilla bajo sus zapatos blancos. La camioneta era alta.

"Tú guías," el tercer hombre le dijo, ayudando al segundo a bajar a su amigo herido.

Se apresuró a abrir la puerta de su casa, haciendo el suficiente espacio para dejar que los hombres entraran. Dejó su bolso sobre el sofá y corrió por el pasillo hasta la habitación para invitados que mantenía siempre limpia.

"Pueden dejarlo aquí," dijo señalando la cama.

Hizo una mueca cuando el hombre se quejó una vez estuvo acostado. Chase vio el ancho pecho subir y bajar rápidamente con dificultosas respiraciones. Se volvió y consiguió su muy equipado botiquín, pidiéndoles a los hombres que le quitaran la chaqueta y la camiseta al hombre herido.

Se puso los guantes y los desinfectó rápidamente, buscando sus pinzas. "¿Cuál es su nombre?" preguntó, mientras aseguraba el alcohol y las gasas a un lado del hombre.

"Heath," murmuró Ryder a su espalda.

Chase miró el rostro de Heath sintiéndose un poco mal cuando su vista se fue hacia la herida de la bala. "Entonces comencemos, Heath."

***       

Heath Johnson se despertó en un mundo de dolor agudo que lo hizo retorcerse hasta que fue sostenido hacia abajo, sobre la acolchonada superficie. Sus colmillos se alargaron al igual que sus garras, preparándose para defenderse, pero antes sus ojos se abrieron y tardaron en enfocarse y luego se tragó un grito al sentir su brazo pulsar con ardiente dolor.

"Tienes que calmarte," dijo la voz de su alfa.

Parpadeó con la mandíbula apretada con fuerza, sus dientes dolieron por la presión. Ryder estaba parado a su lado con los brazos cruzados y viéndose aliviado, lo cual era raro considerando que el jefe siempre estaba serio. Las manos lo soltaron y se dio cuenta de que eran Dominic y Logan quienes lo habían estado sosteniendo. Tragó, sintiendo su garganta quemar.

Como un rayo todo regresó hacia él, haciéndolo sentir cansado. Se fue hacia atrás en la cama y observó la habitación con detenimiento, pero no la reconocía y el olor era demasiado fuerte, como a desinfectante.

"¿Dónde estamos?" preguntó, sintiendo punzadas en su brazo derecho. Miró con curiosidad la venda que cubría su herida alrededor de su bíceps. "¿Sacaron la bala?"

Dominic suspiró y se sentó en el borde de la cama. "Un enfermero nos trajo a su casa para poder hacer el trabajo," le dijo.

"No había espacio en la clínica así que él se ofreció," Logan dijo. Luego se giró hacia Dominic con el ceño fruncido. "Aunque Dominic casi se traga al pequeño enfermero."

"Estaba molesto, y en realidad no iba a hacerle daño," se defendió devolviéndole la mirada a Logan.

Ryder rodó los ojos y se volvió hacia él. "Sacó la bala y limpió la herida." Su expresión se volvió seria haciéndolo bajar la mirada. "Y si él hubiese estado en la habitación habría visto tus jodidos colmillos y garras." Lo escuchó inhalar con profundidad. "Tienes suerte de que esté haciendo bocadillos en la cocina."

"Lo siento," murmuró, levantando la mirada hacia su alfa con respeto. "No volverá a suceder. Solo pensé que..."

"Tranquilízate ya. En cuanto él diga que estás lo suficientemente bien como para caminar, nos iremos."

Con eso dicho, Ryder tomó asiento en la silla de madera que chilló bajo su peso. Dominic y Logan lo miraban fijamente.

"¿Qué?"

"Estuviste muy cerca, amigo," murmuró Dominic. Logan asintió con la misma expresión. Dom se encogió de hombros y apretó los labios. Se veía ridículo en el hombre grande. "Había cazadores en el bosque. ¿Nadie va a comentar algo al respecto?"

Los tres dirigieron su mirada a Ryder, quien se mantuvo mirando hacia la puerta cerrada. Luego gruñó y se giró hacia ellos. "Hablé con el alcalde sobre la caza libre por aquí. Dijo que hablaría con los oficiales para colocar vallas que dijeran que estaba prohibida la caza, pero a las personas no les interesa." Se frotó el puente de la nariz con cansancio. "Los shifter de la comunidad..."

"Ellos no saben," Logan mencionó, paseándose en frente de la ventana con los brazos cruzados. "Si nosotros pusiéramos vallas en los bosques..."

"No funcionará de esa manera," Dom dijo y se puso de pie con las manos en los bolsillos. "Hay que hablar con los otros shifters y advertirles del peligro."

"No es tan fácil," Ryder dijo, su mandíbula palpitó y sus gestos se volvieron oscuros. "Hay demasiados como para reunirlos sin que los demás residentes se pregunten qué está pasando."

"Pero podemos hablar con sus líderes," Heath ofreció, empujándose con su brazo sano hasta estar sentado. El dolor se disparó en su brazo de todas maneras. "El alfa de los lobos, el de los zorros, incluso el alfa de los tigres. Ellos pueden dar aviso a sus manadas."

"Sigue habiendo más criaturas en la comunidad."

Heath se giró hacia Logan. "Lo sé. Pero es un inicio. Los demás pueden tener una reunión con el alcalde o algo así. Pero las mandas son las que predominan por aquí. Solo los lobos son más de treinta miembros con sus familias excluidas, al igual que los tigres y zorros. Nosotros solo somos cuatro."

"Es cierto," Ryder murmuró y asintió con la vista sobre ellos. "Estoy seguro que puedo reunirme con James y llegar a un acuerdo sobre-"

El alfa se detuvo y todos se quedaron en silencio, quietos como una estatua, cuando la puerta se abrió. Ojos azules se asomaron por el borde de la puerta, antes de que él entrara con cuidado. Heath notó que el blanco uniforme del chico tenía manchas de sangre.

"Estás despierto," dijo con voz suave. Se giró hacia Ryder. "¿Presentó dolor? ¿Mientras dormía tuvo problemas para respirar?"

El alfa negó con la cabeza. "Durmió tranquilamente y sobre el dolor..." sus ojos verdes miraron a Heath para que respondiera.

"Un poco," respondió sin apartar los ojos del enfermero.

"Los antibióticos te harán sentirte mejor por tiempo," el chico dijo y luego sonrió. "Aunque estás sanando milagrosamente rápido, Heath. En cualquier otro caso habrías tenido que internarte en una clínica por riesgo de infección." Lo vio rascarse el cuello, moviendo la otra mano en el aire. "La bala estaba solo un poco adentro. Tuviste suerte."

Bufó. "De seguro que no se sintió así cuando entró," dijo. Miró a sus compañeros a sus azules ojos por un momento, sabiendo por qué sanaba tan rápido. "Pero, gracias." Extendió su mano derecha hacia el enfermero. La suave piel se sintió perfecta bajo su tacto. Vio complacido las mejillas del enfermero volverse rosadas. "Te diría cómo me llamo, pero ya lo sabes, así que ¿cuál es tu nombre?"

"Chase," murmuró apenas audible.

Heath le sonrió y dejó ir su mano.

Ryder se limpió la garganta mirando a Heath con una ceja levantada. "¿Él puede irse?"

Chase asintió alejándose un paso de la cama. "Mientras tome esto por un par de días, estará bien." Le dio un pequeño sobre de papel a Ryder y señaló a Heath después. "Ten mucho cuidado. Tal vez la siguiente no seas tan suertudo."

Heath asintió y peleó para salir de la cama, tragándose todas las maldiciones que quería lanzar al aire mientras su brazo palpitaba. Finalmente consiguió sentarse al borde de la cama, jadeando sin poder contenerlo. Chase le dio una mirada dudosa.

"Estoy bien," le aseguró, mordiéndose el labio inferior para contener un gemido de dolor. Chase mismo le dio la vuelta a la cama y regresó frente a él con su camisa y chaqueta en sus manos.

"Aunque están llenas de sangre," murmuró el enfermero viendo de la ropa a Heath. "Si tuviera un juego de ropa de tu talla te la daría, pero estoy seguro de que ninguna te quedará. Eres enorme."

Logan se rió lo suficientemente alto para que el oído de Heath pudiera escucharlo. Lo ignoró y le dio una sonrisa agradecida a Chase. "Está bien. Estoy seguro que Logan me puede dar su chaqueta."

"¿Mi chaqueta, amigo? Creo que la bala afectó más que a tu brazo."

"Logan," Ryder miró más allá de Heath con una expresión que decía que obedeciera.

"Maldición," escuchó que su amigo gruñía.

Unos segundos después, la chaqueta de cuero cubrió sus hombros desnudos con agradable calor. Chase lo miraba con cautela, pero Heath no se hizo ideas, el chico era un enfermero y era lo que hacía, cuidar de sus pacientes y asegurarse de que ellos no tuvieran complicaciones. Se empujó con su brazo bueno, fallando en el primer intento. Gruñó molesto consigo mismo, sintiéndose débil y un poco mareado.

"Déjame ayudarte."

Se mordió el labio con fuerza y dejó que Chase lo envolviera con su brazo hasta que estuvo de pie. El brazo del chico seguía envuelto en su cintura y miraba hacia arriba a Heath. Intentó tomar imperceptibles respiraciones del dulce aroma que desprendía Chase. Recibió una sonrisa de lado, increíblemente brillante.

"Tu fuerza deberá regresar muy pronto, si sigues con la medicación y una dieta balanceada." Se rió nerviosamente y le ayudó a dar un par de pasos más cerca de la puerta. Se giró hacia Ryder. "Pueden venir a la cocina. Hice algunas cosas para comer."

"¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?" le preguntó una vez habían salido de la habitación.

Chase caminó con él todo el pasillo hasta una pequeña cocina donde le hizo sentarse en una de las sillas altas del mostrador. "Un par de horas, mientras sacaba la bala y curaba la herida. Quizás una hora antes de que llegaras conmigo." Lo vio moverse por la cocina de espacio reducido, luciendo cómodo y seguro. Ryder, Dom y Logan se sentaron en las sillas laterales a él. "Aunque no quise preguntar, no es mi asunto."

"Lo llevamos de inmediato," Ryder mencionó, mirando con curiosidad a Chase y luego a Heath, sus ojos brillaban con conocimiento. "Era la clínica más cercana."

Chase se giró, su labio entre sus dientes mientras asentía. Sirvió lo que parecía limonada en vasos y los dejó frente a ellos. "Sí. Muchos residentes esperan que se haga una clínica más grande o solo se amplíe, pero la respuesta de siempre es que no hay presupuesto para hacerlo." Las cejas del enfermero se unieron profundamente mientras ponía platos con sándwiches junto a sus vasos.

Heath le envió una mirada confundida a Ryder quién se veía casi igual de molesto que Chase. Esa era una maldita mentira, ellos lo sabían. En las montañas se había encontrado oro unos años atrás, cuando las carreteras comenzaron a extenderse hacia ellas. Todo había ido al gabinete de la alcaldía, prometiendo que se repartiría en arreglos y progreso del pueblo. Al parecer no todas las personas sabían de ello. La pregunta era por qué.

Chase se sentó del otro lado del mostrador y masticó con lentitud robando miradas curiosas a cada uno de ellos. Heath imaginaba que había muchas preguntas rondando la cabeza del enfermero, pero no era el momento de explicaciones. Ellos tenían que irse y reunirse con los alfas de las manadas para dar aviso de los cazadores que no respetaban los avisos.

Terminaron de comer en silencio, todos estaban concentrados en su comida. Lo que no era normal desde que Logan y Dom casi nunca cerraban la boca. Ryder se veía como si estuviera listo para desgarrar cabezas, y bueno, eso no era extraño. El alfa era el hijo de puta más duro que había conocido en toda su vida. Era exigente, dominante, cauteloso y no dudaba un segundo en hacerse cargo de los problemas. Aunque era justo y protegía a los suyos y a los más débiles. El oso alfa era un alfa en toda la palabra. Y los tres lo respetaban con todo su corazón y lealtad.

Esta vez, Dom dejó que se apoyara en él para ponerse de pie.

"Es hora de irnos," dijo Ryder poniéndose de pie. "Perdón por las molestias y gracias por ayudar a uno de los míos."

Chase atrapó la mano que Ryder le tendía. "No hay problema, me gusta poder ayudar." Sus mejillas se colorearon cuando se hizo hacia atrás y metió las manos en sus bolsillos. Se meció sobre sus pies y observó a Heath. "La próxima vez que te vea espero que tu brazo pueda lanzar una recta."

"Estoy seguro de que podré gracias a mi salvador," le sonrió. "Gracias por todo, en serio."

"Okey," el chico se rió nerviosamente.

También los acompañó hasta la puerta donde se despidieron del joven enfermero.

Una vez dentro del auto, en el asiento de enfrente junto a Ryder, los chicos comenzaron con todo lo que habían estado guardándose.

"¿Qué fue todo ese coqueteo?" Dom canturreó,

"¿Verdad? Había fuego allí, hermano." Logan se rió en el asiento trasero, golpeando su bota en el piso de la camioneta repetidamente

Ryder gruñó. "Deja de hacer eso." Sus ojos se desviaron cortamente de la carretera y miró hacia Heath. Podía decir que el alfa estaba escondiendo una sonrisa por la forma en que las líneas se apretaron alrededor de su boca. "¿Es lo que creo?" preguntó con cautela.

Heath sonrió con la vista fija en la ventana. "Sí."

"¿Qué?"

"¿De qué hablan?"

Frotándose el brazo cubierto, Heath se mordió el labio inferior. "Chase es mi pareja."

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