El gitano la esperó con paciencia pero aun cauteloso a su alrededor, con la mirada recorría las calles penumbrosas de París, ningún detalle se le escapa, él era astuto. De pronto la escuchó acercarse y su corazón se tranquilizó un poco.
—Anda, vamos. Realmente quiero llegar a casa. Adasius la siguió en silencio,la veía mezclarse en la noche como si fuese parte de ella, en el último callejón ambos se adentraron. La música era inconfundible,el zapateo en la madera era estridente y las cuerdas d