El olor nauseabundo de la celda le provocó arcadas. Solan se echó hacia atrás unos pasos antes de que la cordura se le fuera de nuevo de las manos.
-No me haga daño Fantôme. Pidió con cierta desesperación.
Solan sonrió con suficiencia. París estaba repleta de delincuentes, de la peor calaña del mundo,y sin embargo había también pobres ilusos que caían ante la ilusión de ser parte de la corte.
-El daño te lo has hecho tú mismo,soldado.
Se le estiró el rostro tratando de sonreír,aunque realmente