99 - Deja en paz a mi hijo.
La tensión en la habitación era palpable. Don Arturo sabía que Sofía estaba al borde de un abismo, y temía qué podría hacer si no se calmaba.
— Vete, Sofía. No hay nada aquí para ti. Solo dolor y sufrimiento — le dijo, su voz grave.
— ¿Y si no quiero irme? — respondió ella, acercándose un poco más, como un depredador que acecha a su presa —. ¿Y si quiero quedarme y ver cómo se desmoronan tus sueños?
— ¡Basta! — gritó Lucas, su voz resonando con fuerza en la habitación —. No puedes hacer esto. ¡