98 - Soy una mujer desesperada...
Don Arturo, con su figura encorvada por el peso de los años, se puso de pie de repente, como si un rayo de determinación lo hubiera atravesado.
— ¡Lucas, detrás de mí! — gritó, cubriendo al niño con su cuerpo, sintiendo que la amenaza se acercaba.
Sofía, la mujer que había cruzado la puerta, se acercó más, una sonrisa torcida en sus labios.
— ¿Así que este es tu nuevo protegido? Junto con su madrecita escuálida — dijo con sarcasmo, observando a Lucas con una mezcla de desdén y diversión —. ¿No