Clara sintió el peso de cada paso mientras avanzaba hacia el edificio de Cedric. La fachada de cristal brillaba bajo la luz del sol, pero el ambiente frío y severo que emanaba el lugar parecía absorber cualquier calidez que el día pudiera ofrecer. El encuentro con Alejandro en el callejón aún resonaba en su mente como un eco persistente, y la presencia inquietante de Lucius, con sus palabras enigmáticas, no la ayudaba a calmarse.
El edificio no era tan imponente como el de Alejandro, pero había