Dante condujo rápido, aunque con mucho cuidado, hasta que llegaron al hospital. Salió del coche de un salto y se dirigió hacia el asiento del copiloto. Lora le tendió la mano para que la ayudara a levantarse, pero él se la rodeó por el cuello y la cogió en brazos.
—Dante —lo llamó ella—. No me duele mucho, no hace falta que me lleves en brazos como a una niña.
Le preocupaba que su actitud solo alimentara los rumores, pero había olvidado que el mundo vivía con la fantasía de que eran una pareja