Apenas cerraron la puerta del dormitorio de Edith, no hubo palabras, tantas cosas que tenían que hablar, tantas dudas que tenían que aclarar, pero fue más fuerte sentir que se les apuraba la sangre de las ganas que ambos tenían de estar juntos.
Tenían que dejar atrás los fantasmas del pasado, esos fantasmas que para cada uno tenían distintos colores, pero que a los dos los habían amotinado en distintos puntos de su relación.
Sin embargo, los dominó el instinto.
Fue suficiente un beso en la boca