Mi corazón se había detenido ante las palabras de Dahlia, es decir, ni siquiera me había pasado por la mente la idea de que ella no estuviera tomando las pastillas, lo sé, había sido otra de mis estupideces.
Pero lo que más me había desconcertado había sido su silencio después de mi pregunta, no sabía que era lo que había ocurrido en realidad, si lo había tomado o no, si había pasado algo o no, ahora me quedaría tal vez el resto del mes con la incertidumbre de si había cometido el peor error de