Jamil había llegado hacía más de media hora al club del infierno, León como buen anfitrión, lo había llevado a uno de los cuartos más alejados del corazón del propio club, los nervios del turco estaban a flor de piel, sin embargo, se relajó bastante una vez ingresó aquella habitación, por el solo hecho de percatarse de que era sumamente normal, las paredes estaban pintadas de color pastel, la gran cama lucía sábanas blancas, y unas tenues luces hacían del ambiente muy relajante.
—Estoy seguro d