Jamil no estaba hablando con Marco, tampoco con León, quizás era un eco de sus propios pensamientos lo que se filtraba por sus labios, sin embargo, las palabras salieron nítidas, claras, y Marco se dispuso a hacer su buena acción del día, o al menos eso creyó.
—Vamos al infierno.
—No sé qué me gusta, pero definitivamente los tríos no creo que sea lo mío.
Respondió en automático el turco, porque solo unos minutos antes había estado la Dulce princesa frente a él, y claro que donde estaba Dulce, e