La mansión del jeque Khattab se alzaba imponente en medio del árido paisaje, semejando una auténtica fortaleza ancestral, su estructura, completamente esculpida en roca madre, prescindía de rejas, portones o ventanas exteriores; tanto así que, desde las calles, solo se divisaba una pared monolítica que envolvía el recinto, como una coraza inexpugnable.
La edificación, de tres pisos perfectamente alineados, parecía un cubo tallado por titanes, imposible de escalar incluso para los más hábiles, d