Noah.-
La tensión en la oficina de mi padrino se podía cortar con un cuchillo, las palabras no salían de mis labios, seguían con los pies clavados en el piso como si estuvieran cubiertos de concreto, mis ojos no podían dejar de verla, después de cuatro años.
— Siéntate ahijado –Ordenó Joel.
— ¿Qué está pasando aquí? –Pregunté con el corazón a punto de salirse de mi pecho.
— Siéntate –Volvió a ordenar. –Tengo que mostrarte algo y necesitamos aclarar algunos asuntos –Me senté como me ordenó desli