Emma.-
El exquisito y embriagador aroma del café se coló por mis fosas nasales haciéndome regresar de los placidos brazos de Morfeo obligándome a abrir los ojos lentamente dejando expuesto el atractivo físico de mi marido que llevaba dos tazas de café en sus manos.
— Buen día pequeña –Dijo sonriendo sentado en mi cama.
— Buen día –No le devolví el saludo con el mismo afecto con el que me saludó, me extendió la taza de dónde provenía el agradable aroma, miré el líquido negro absorbí la fragancia