A pesar de su enojo y su frustración, Albert trata de calmar a Marta. Aunque ella no lo mereciera, estaban de por medio sus dos hijos y su bienestar emocional, eso era lo único que él debía cuidar.
—No digas esas cosas, los niños te necesitan.
—Es lo único que te importa, Albert. Nuestros hijos, yo no existo para ti ni para nadie.
—No es así, lo sabes.
—Claro que lo es. Nada para mí tiene sentido, ni siquiera podré cumplir mi sueño de ser una famosa modelo.
—¿Qué pasó? Me habías dicho