—Quiero verte, ver tu rostro y oírte gemir de placer. —Le pide él.
La pelirrubia, dirige la cámara hasta su rostro y mientras acaricia su feminidad, gime de placer. Albert acelera los movimientos de su mano y entre jadeos, se corre minutos después.
Aquella experiencia deja a Antonella con ganas de más. Necesita estar con Albert, necesita sentirlo.
—¡Eres realmente maravillosa, mi amor! —exclama.
—¡Estamos volviéndonos locos! Jamás se me hubiese ocurrido hacer algo así. No, cabalmente. —co