—Ve y descansa, Antonella. Ponte hermosa para esta noche y demuéstrale a Fabiano que no es más fuerte que tú.
—Esto no se trata de Fabiano, mamá. Se trata de mí. Yo…
Nuevamente los golpes en la puerta, la obligan a callar.
—Alguien toca, hija. Ve tú, yo sólo vine a buscar un vaso con agua.
—Sí, mamma. Yo me encargo… Ve y descansa.
Antonella va hasta la entrada, abre la puerta y se sorprende con la llegada de un paquete que no esperaba. La enorme caja plateada, medía cerca de un metro d