Señor Loredo ¿está bien? — un hombre de seguridad que se encontraba haciendo sus rondines por las oficinas, se encontró con la sorpresa que la puerta de la oficina principal estaba abierta, se acercó para ver qué no hubiera nadie adentro.
Al entrar vio a Armando tirado en el suelo, su rostro lleno de sangre que emanaba de la nariz, ceja derecha, su ojo izquierdo estaba hinchado y su pómulo derecho tenía un gran moretón, era claro que le había dado una buena paliza.
—¡Señor Loredo! — se acercó