Aunque Chloe y Augusto, ni creían del todo en las palabras del serio e inexpresivo hombre que tenían frente a él, no dejaban de estar nerviosos.
— Señor Torres, quizás no tenga un gran patrimonio, o una gran herencia, pero tengo un trabajo, además estoy enamorado de su hija, yo la hago feliz, la trato como una princesa, por favor deme la oportunidad de demostrarle mi valía. — Pedía Augusto, a su suegro.
— Puede que Chloe, esté ciega y crea que la amas por lo que es, pero a quien quieres