—Todo está en orden. Cuídese mucho señora Cooperfields, hasta pronto Maximiliano.
Nos despedimos del doctor y salimos del consultorio. Tomé la ecografía y la observé de camino a casa. Se distinguía mucho mejor, mi pequeña y linda bebé. Algunas lágrimas se acumularon en mis ojos. Parpadeé varias veces con la intención de alejarlas. Solo un poco más, un mes y una semana es lo que faltaba y la tendría en mis brazos.
—¿Tienes hambre, cielo? Podemos hacer una parada en Starbucks.
—No, estoy bien