“¿Casarnos?”
—¿Estás embarazada? —preguntó perplejo.
Se puso de pie.
Asentí con una miríada de emociones.
Nervios, felicidad, miedo…
Mucho miedo.
Él no salía de la estupefacción. Ni yo, por su inesperada propuesta. La idea de casarnos me detuvo el corazón. Y a él la noticia lo dejó mudo.
Por supuesto que quería ser su esposa.
Su esposa…
Nunca medité en ello.
—¡Amor, estás embarazada! —exclamó lleno de emoción.
Entonces tomó mi rostro y me besó con ardor. Cuando se separó de mis labios dejó s