Julia.-
No sé de donde saqué la fuerza, tal vez mi hermana canalizó sus energías conmigo y su espíritu se metió en mi cuerpo, pero no imagine que fueran a salir palabras tan hirientes.
Veía el rostro rojo brillante del hombre que estúpidamente amaba, pero él creyó que podría humillarme a su antojo, pues se equivocó.
— No hay mejor hombre que yo –soltó apretando sus dientes–. y te lo voy a demostrar ahora mismo.
Se abalanzó sobre mí, sus labios sellaron los míos antes de poder si quiera refut