Julia.-
Volví a la habitación de mi padre, dormía y mi madre junto a él, era la imagen más dulce, me quedé mirándolos de pie en el umbral de la puerta sonriendo, pero mi momento se interrumpió con la vibración de mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón.
— ¿Diga?
— Sí, llamo para concretar la venta de sus oficinas señorita Nixon, mi jefe tiene la urgencia de ocuparlas de inmediato.
Un nudo se me formó en el estómago.
— Por supuesto ¿podríamos vernos con los abogados después del mediodía?
—