—¡Hola! —lo saludé con más emoción de la que pretendía.
—Tenías razón, todo fue una trampa de William—fue lo que dijo en cuanto escuchó mi voz.
—Era más que obvio. Solo quería fastidiarte.
—Y a Keith se le antojó tener un maldito día libre y apagar su teléfono—espetó—por eso no pude comunicarme con él y evitar viajar a lo idiota hasta Boston, dejándote sola en Zermatt.
—Está claro que la intención de William era alejarte de mí—repuse, irritada.
—¿A qué te refieres? —la voz de Barnaby cambió a p