Me hubiera gustado seguir despotricando a mi antojo, pero ese susurro de perdón me obligó a cerrar la boca y quedarme inmóvil.
—Perdóname, Tessa. Es que has cuidado de mí desde que nací y verte en apuros hace que mi instinto de hermano sobrepase los límites. Ahora más que nada entiendo cuando te preocupas mucho por todo lo que puede pasarme si no tengo precaución en mis acciones, así que lo siento, ¿de acuerdo? Debí sentarme contigo para que recuperes las fuerzas para continuar. Sé que es impor