La luz llegó primero.
Demasiado brillante. Demasiado cerca.
Presionaba contra el interior de sus párpados como una pregunta que no estaba lista para responder. Mia intentó apartarse, pero su cuerpo no la siguió. Algo tiraba de ella desde todas partes a la vez—agudo en las costillas, sordo y palpitante en la cabeza, un dolor profundo que parecía cosido a sus huesos.
Un sonido escapó de ella. No era una palabra. Solo aire. Fino. Roto.
"¿Señora?"
La voz era lejana. Femenina. Tranquila de esa maner