—Pensé que querías un pastel —dice ella, con vacilación.
—Pensaste mal. Anda, sal de mi casa ahora. Anda —ordena, con voz firme.
—Calma, no hace falta eso —intervengo, intentando calmar la situación.
—Alice, me conoces. Sabes perfectamente que no me gusta ningún extraño dentro de nuestra casa —dice, con voz firme.
—Disculpe, señor Davi, y disculpe, señora. Esto no volverá a suceder. Mi hija se va —dice Doña Lurdes, con la voz entrecortada.
—Esta es la última vez que te veo aquí dentro. La próxi