Davi Montenegro
...un año después...
Un año. Un año que parece una eternidad desde que mi dulce Alice se fue. La posesión me consumió, una sed insaciable que me atormenta día y noche. La quería de vuelta, de todas las maneras posibles. En los primeros días, la furia me cegó. Las llamadas, los mensajes, el intento de usar la fuerza... qué tonto fui.
Pero lo que más me corroía era la nostalgia. La sed por su cuerpo, el anhelo por su tacto. Su voz, un susurro dulce que resonaba en mi mente. Y