Él, abajo, empieza a embestir, y así en este ritmo, no aguanto y llego a mi límite, corriéndome con él metiendo sin parar, pareciendo una máquina.
Para, y me bajo de encima. Se levanta y me pone a cuatro patas, mis manos apoyadas en el colchón, mi trasero bien levantado para él. Rápidamente, se coloca detrás de mí, agarra mi cintura con fuerza y mete en mi ano su miembro en un movimiento rápido, poniéndolo todo de una vez, sin piedad, sin compasión, sin pedir, solo me penetró.
—Toma, perra —gru