Me dejo caer de nuevo en el sofá, hundo la cabeza en las manos y tiro de mi propio pelo con fuerza. La rabia se va desinflando y dando paso a un vacío incómodo y doloroso en el pecho. Lo peor es que el puto Rodrigo tiene toda la razón en cada palabra que ha escupido en mi cara. Con mi ignorancia descontrolada, con mi brutalidad sin sentido, estoy moliendo a mi propia familia en una trituradora. Estoy alejando a Alice de mí a cada segundo, transformando el amor que siente por mí en asco y miedo.