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De repente, soy arrancada de mis divagaciones por la dura realidad: tengo que terminar de arreglarme. Suspiro, admirando mi reflejo en el espejo. ¡Por fin lista el maquillaje para la boda de Larissa! Una sonrisa escapa de mis labios, pero pronto se desvanece con el alboroto que resuena al otro lado de la puerta.
Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc
—¡Virgen Santísima, para qué este ataque histérico! ¡Calma, gente, ya salgo! —exclamo, abriendo la puerta con una sonrisa divertida. —¡Solo pod