— Solo vas a perdernos si tú quieres, Davi —dice ella, con la voz tan suave que parece una caricia.
— Nunca voy a querer eso —respondo al instante, sin dudar ni un segundo. — Necesito que vosotros dos estéis a mi lado para seguir respirando.
— Entonces lo vas a tener. Siempre. Yo y nuestro bebé —promete ella, y su sonrisa vuelve a brillar.
— Te quiero —digo, y la emoción hace que mi voz se quiebre del todo.
— Yo también te quiero —responde ella, con los ojos llorosos. — Quiero decir... nosotros