—¿Cómo? —pregunto, sorprendida.
—Lo he comprado —responde él, con orgullo.
—¿Cómo que lo has comprado? —pregunto, confundida.
—Lo he comprado —repite él. —¿Y sabes lo mejor?
—No —respondo, con la voz dudosa.
—He adelantado mis vacaciones —anuncia él, con una sonrisa. —Vamos a pasar todo el mes aquí.
—No —digo, con la voz firme. —Tengo trabajo. Mañana mismo volvemos.
—No —corta él, con la voz autoritaria. —Aquí quien decide las cosas soy yo. Así que cállate. Si quiero, nos vamos a vivir aquí.
—N