No era una escena muy apasionada. Sin embargo, ambos tenían un aire frío y distante, pero a la vez seductor.
El corazón de Dafne latía fuertemente y quería apartarse. Justo cuando estaba a punto de hacerlo, Hans levantó la cabeza sin mostrar ninguna emoción, como si la persona a la que había besado no fuera él en absoluto.
Fue un beso inesperado. Dafne se ruborizó de vergüenza y dijo:
—Hans…
—¿Sí? —respondió él mirándola intensamente: —¿Quieres otro beso?
Dafne se sintió aún más avergonzada:
—No