Cuando llegaron al coche, el teléfono de Dafne sonó. En la pantalla apareció el nombre de Guillem. Ella contestó la llamada:
—¿Señor Mendoza?
—¿Cómo te ha ido en la capital? Has estado allí casi medio mes —preguntó la voz tranquila y amable de Guillem.
En realidad, eso debería ser una cosa bastante ridícula. La primera vez en que Dafne sintió un afecto paternal, no de su padre biológico, Fabio Veras, sino de Guillem, un medio desconocido para ella en aquel entonces.
Guillem siempre decía que, se