Gio se quedó atónito. ¿Lolita había comprado ropa por ese valor? No era cuestión de dinero. Lo que Gio sabía es que Lolita no era de las que derrochaban el dinero en tonterías. Además, ¿cómo sería la ropa que valía cuatrocientos mil yenes? Gio sintió curiosidad.
"¿Qué hago, señor?"
Gio reaccionó y volvió a mirar a su interlocutor. "Entonces, ¿dónde está la señorita L ahora? ¿Por qué no ha salido todavía?", preguntó Gio, sin acabar de comprender la situación.
"¿Qué quiere decir? La señorita L se