POV de Adriana
El llanto fuerte y claro del bebé rompió el silencio de la habitación, y en ese instante, todas las horas de dolor, el cansancio y la incertidumbre desaparecieron. Lágrimas cálidas rodaron por mis mejillas cuando sentí su diminuto cuerpo contra mi pecho por primera vez. Su piel era suave, su respiración temblorosa y su pequeño puño se cerró con fuerza alrededor de mi dedo.
—Es un niño fuerte —susurró Diego a mi lado, su voz llena de emoción.
Giré mi rostro hacia él y vi sus ojos