La luz dorada del amanecer se filtraba a través de las amplias ventanas de nuestra oficina en la fundación. Diego estaba sentado a mi lado, revisando unos documentos con su característica expresión serena. Llevábamos años construyendo este sueño, ayudando a comunidades necesitadas, brindando oportunidades y esperanza. Pero sabíamos que llegaba el momento de dar un paso atrás.
Sin embargo, justo cuando pensábamos que podríamos retirarnos sin sobresaltos, una nueva amenaza surgió. Un informe anón