Rufus Reynolds estaba nervioso, la empresa había sufrido una buena caída en las acciones y parecía que a nadie le importaba demasiado entre los socios. Algunos simplemente decían que no había nada que hacer y otros esperaban a que los accionistas mayoritarios “hicieran algo”
Al menos había logrado hablar con los amigos que tenía en la capital y ellos le habían dicho que había un inversionista, una gran corporación, interesados en invertir en las acciones de la minera de la ciudad.
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