No menos enojada y sorprendida que su padre iba Charlotte en su auto. Después que llegó a un cruce importante redujo la velocidad y respiró hondo para relajarse.
Primero, enojada porque su padre trataba de dominarla como si fuera una niña todavía, y sorprendida porque nunca se había enfrentado a él de esa manera, y mucho menos, amenazándolo.
En medio de su estado de enojo un súbito ataque de risa la invadió y la hizo detenerse un rato mientras reía sola, allí en su auto. Se imaginaba la cara de