Parte 3...
Como si estuvieran leyendo mis pensamientos, Ana golpea la puerta y entra, trayendo una bandeja pequeña con tazas para los dos. Evita mirarme, pero también me sirve una taza de café. No voy a quejarme, siempre pido café todo el día.
— ¿Les gustaría algo más? - les pregunta a los dos.
— No, Ana, está perfecto - Sandro sonríe educadamente — Era justo lo que quería - levanta la taza.
Estos dos son muy amables con mi secretaria. Me parece extraño. Ella me mira y yo no digo nada, así que