Se hicieron las 9 a.m.
Zachary fue al baño.
Él se bañó por un largo rato. Para cuando estaba listo, casi me había dormido. Fue solo cuando él envolvió sus brazos en mi cintura que me desperté un poco...
Abracé su cintura devuelta y enterré mi cabeza en su firme pecho.
“¿Dónde estuviste ayer?”, pregunté con una voz cansada.
Él contestó con frialdad: “Ciudad S”.
Él era terriblemente frío. Abrí mi boca y mordí la herida en su pecho.
Las heridas en el cuerpo de Zachary no habían sanado del to