“Leoncita, tengo muchas ganas de morderte”.
El cuerpo de Cedar se puso rígido luego de decir eso. Sus ojos se pusieron rojizos mientras continuaba murmurando para sí mismo: “Quiero ser tu Hermano Mayor, pero no lo merezco. Me siento atraído por ti”.
Isabelle ya había bajado los escalones. Se dio la vuelta y miró a Cedar, todavía parado en el mismo lugar. Sus labios se movieron un poco, como si estuviera murmurando algo.
Ella le mostró una sonrisa brillante y le gritó a Cedar: “¡Hermano Mayor,