Capitulo 18. Pagaras el triple por ella
El sonido de la música era lo bastante alto como para escuchar los murmullos de los hombres que hablaban sin parar, esperaban impacientes a las chicas en el bar de Otto a medio alumbrar. Con tan solo una diminuta lámpara en medio de la mesa, y muchas copas de coñac a medio llenar sobre las mismas, los clientes ansiaban por ver la función de esa noche.
Otto visitaba cada mesa sonriéndoles a los clientes, aunque más bien los veía como chequeras andantes… mientras que el dueño del circo conversaba